miércoles, 27 de febrero de 2008

La vida en un Compáz


Para mí, pisar un escenario me dice que he de tener dolor de estómago horas antes debido a los nervios, me recuerda noches sin pegar los ojos pensando en el como será.
Me pregunto, ¿cúantas personas nos verán?, ¿serán doscientas?, ¿mil? o ¿cincuenta solamente?. Me sentiré solo quizás, o puede que mi familia esté ahí para apoyarme... ¿Qué pasará?.
Una oración antes de subir, correr dos cuadras con un buen amigo para liberar tensiones.
Ya es mi hora, luces-ansiedad, público-exigencia, repertorio-esfuerzo, trabajo en equipo-amistad, sonido-pasión, música-perfección.
¿Son merecidos los aplausos?, ¿plasman lo hecho en el escenario las pifias?.
El aplauso, dulce jugo regalado por Dios, motivación, crecimiento, maduración, éxito.
Las pifias, amarga hiel robada del infierno, quinientas pifias son quinientas púas clavadas en el corazón, son quinientas noches sin dormir por el fracaso.
Yo puedo decir que con alrededor de doce presentaciones en el cuerpo, sin ser un ícono musical, pero a la vez sin ser lejano del aplauso, "los sueños se cumplen en la medida que uno no despierte. El sueño que se cumple en la realidad nunca fué sueño".
El que despierta vive un mundo sin música, sin ritmo, con acordes de mentiras, y notas de falsedad, el intrumento, el que fué tu alma en tus sueños en la realidad junta polvo, desafinado en el rincón más sucio de tú interior.
Éste instrumento en ruinas lo tomará otra persona, que en su aventura onírica, lo afinará y limpiará, tomará tú alma y será felíz con ella.
Ahí, en ese momento, tú antiguo sueño, pasa a ser un vago recuerdo que la suciedad de la realidad oculta y nubla cada vez más. Las cicatríces de las pifias pasan a formar un canon con el corazón desgarrado y sin alma.
Incompleto, tú corazón nunca latirá al compáz de tú música, aritmico se pausará de a poco en un solfeo funebre, hasta que Dios, el maestro de orquesta de la señal del redoble final.

sábado, 13 de octubre de 2007

Once de Septiembre


De aquí, puedo divisar dos titanes de concreto, veo su inmensidad, pero éstos ven aún más.
De lo alto de su magnificencia se aprecia la delicada Dama con su antorcha de libertad.
Al enfocar la mirada mas abajo se ve que Nueva York despierta con los primeros rayos cálidos del sol.
Más, hoy es un día especial, en el aire se saborea ira y rencor.
¿Estos sentimientos son razonables?. No soy quien para responder, pero estoy conciente de que hay mucho dolor en la situación, mucha muerte.
Ahora, es cuando los gigantes son derribados de una estocada por aves de acero con un vuelo de venganza.
Éstas penetran en el corazón de los Estados Unidos, que ve como su gente se aleja como plaga saliendo de su hormiguero.
Siente la maldad junto con la culpa de sus actos.
La tristeza y el luto envolvieron de oscuridad este país, que de un segundo a otro pasó de ser una potencia de gloria al país mas melancólico del planeta y el universo.
Muchos ángeles que gozaban de inocencia van camino al cielo, su vida fué determinada por otros que jugaron a ser Dios.
Pero Dios, ¿Dónde esta Dios?.
Que fácil es perder la fe entre tanta muerte y sufrimiento, que fácil es decir que Dios no estuvo presente, que nos abandonó.
Nadie piensa que Él ve a sus hijos cegados por la ira repartiendo muerte por doquier.
Dios ve y siente a su creación destruida por su creación.
"No culpen a Dios por los errores de humanos que no aceptan su responsabilidad, provocando que día a día sea un Once de septiembre mas"

viernes, 12 de octubre de 2007

Ninja del bosque


Tantas noches largas de soledad, creciendo en la oscuridad de este lugar, con una compañera fiel, mi cobra plateada, capaz de matar a cualquiera por defenderme con tan solo una orden.
Ella ilumina mi camino, reflejando la luz de la luna.
Sin convivencia alguna, pues mis manos ya no acarician y mis pisadas no se escuchan.

Mis juguetes vuelan de un lado a otro en las sombras, clavandose en tu alma y cuerpo.
Mi nombre intimida y mis vestiduras negras delatan orgullo y sabiduría.
Mi cara oculata significa que no quiero las disculpas de los caidos, pues la soberbia me destruye poco a poco.
Pero no caeré, el día que no pueda más, mi cobra, con una mordida certera tomará mi vida en penumbras.